Cámara en Hollywood

Entrevista Sophia Loren

Por: Jorge Camara | Octubre 7, 2015

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Hollywood, CA.- Profesionalmente, tres son las razones por las que la legendaria actriz italiana, y estrella internacional de cine, Sophia Loren, ha visitado Hollywood y se ha encontrado con la prensa, dándonos así la oportunidad de poder hablar con ella sobre su vida y su carrera.

Una de ellas fue asistir al tributo que el American Film Institute hizo en su honor. Otra es la publicación de su autobiografía titulada, “Yesterday, Today, Tomorrow – My Life”. La tercera –aunque no necesariamente en ese orden– es la promoción de la película corta, “La Voce Umana“, basada en una pieza teatral de Jean Cocteau, en la que fue dirigida por su hijo, Edoardo Ponti.

Pero personalmente esta estancia de la actriz en Los Ángeles, es intermitentemente rutinaria, ya que aquí residen sus dos hijos, Carlo, de 45 años, y Edoardo de 41; y su cuatro nietos, Lucia Sofía de 8 años, Vittorio Loene de 7, Leonardo Fortunato de 4, y Beatrice Lara de 2.

Luciendo mucho más joven de sus 80 años de edad, con un elegante vestido de su color favorito, rojo, y confirmado su cálida, encantadora y sencilla personalidad, comenzamos nuestra conversación con ella.

 

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JORGE CAMARA: ¿Cómo fue que decidió escribir su autobiografía?

SOPHIA LOREN: ¿Sabes?, la idea del libro llegó por casualidad. Un día, poniendo mis cosas y mis documentos en orden, encontré mis diarios, 30 años de diarios sobre mi vida, y dije, Dios mío, ¿qué es esto? Los abrí, comencé a leer, y recordar vagamente lo que había hecho, los momentos que había vivido. Y decidí escribir el libro y destruir los diarios, que acabaron en llamas, porque eran algo que me pertenecían a mí solamente, con cosas muy íntimas, muy personales. No quería que cayeran en otras manos, ni en las de mis hijos. Así fue como escribí mi libro y destruí mis diarios. Si quieres saber de mi, este libro es lo único que puedes leer.

J.C.: ¿Y crees entonces ser ahora una persona más sensata, más sabia?

S.L.: ¿Más sabia? No, no creo ser más sabia, porque siempre me he dejado llevar por mis sentimientos. Cuando las cosas van bien, que bueno. Cuando van mal, es una de las reglas de mi vida, ya que comenzó en un período muy difícil en Italia durante la guerra. Fui una niña enferma. Mi madre tuvo problemas con mi padre. Pero es un período que no quiero olvidar porque es en realidad un tesoro interno que te hace fuerte y te enseña a sobrevivir los problemas.

J.C.: ¿Crees que es esta la mejor etapa de tu vida?

S.L.: No se. Mi vida no ha terminado. No. No. No. Aunque esta si es una etapa muy placentera en la que tengo lo que siempre había querido tener, una maravillosa familia, con muy bellos hijos, y muy bellos nietos.

J.C.: Aparte de la familia, ¿hay algo que echas de menos, que no has podido lograr?

S.L.: Lo único que de verdad, de verdad, echo de menos es algo que toda mujer quiere, y es casarse con un vestido blanco, porque en mi familia nadie se casó con un vestido blanco. Fue el sueño de toda mi vida, y todavía está dentro de mí. ¿Por qué no? (ríe).

J.C.: La fama y el éxito, ¿significan ahora lo mismo que significaron para usted antes?

S.L.: Yo nunca pensé que sería rica o famosa. Cuando llegué a Roma con mi madre, no teníamos dinero ni esperanzas. Trabajé como extra en la película, Quo Vadis. Trabajé como extra en muchas otras películas, hasta que poco a poco comencé a aparecer frente a la cámara. Pero tuve la oportunidad de conocer al gran maestro, Vittorio DeSica, que iba a hacer una película de cuatro episodios en Nápoles. Yo soy napolitana y él era napolitano, y me dio el papel. Ese fue el comienzo de lo que fue como un sueño. Trabajé con DeSica por 20 años de mi vida, de manera que puedes imaginarte lo feliz que fui de haberlo conocido.

J.C.: Y fue precisamente DeSica quien la dirigió en la película que le dio el Oscar a la Mejor Actriz de 1960, Dos Mujeres (La Ciociara), que fue la primera vez que una actriz actuando en un idioma extranjero ganaba este premio.

S.L.: Si. Originalmente, Anna Magnani, la mejor actriz que Italia ha tenido, iba a hacer el papel de la madre, y yo el de la hija. La madre tenía como 56 años y la hija, 20. Pero ella no quiso, afortunadamente para mí, porque me dio la oportunidad de interpretar el mejor papel que yo había leído. Hicimos a la madre y a la hija un poco más jóvenes. Tuve mucha, mucha suerte, porque esto me permitió continuar actuando y recibiendo satisfacciones que hasta entonces no había tenido.

J.C.: Es interesante que en su larga y prolífica carrera no haya trabajado con los otros grandes directores italianos como Federico Fellini, Luchino Visconti, Pier Paolo Pasolinio o Michelangelo Antonioni.

S.L.: Con Visconti hicimos una prueba para una película que pudo ser muy buena, y la prueba resultó muy bien. Pero desgraciadamente en Italia nos engañaron y al día siguiente otro director comenzó a filmar la misma película. Lamentablemente nunca tuve otra oportunidad de trabajar con Visconti, que me hubiera gustado mucho. Antonioni, por otra parte, ya tenía a su diosa, Monica Vitti, e iba en una dirección diferente a la que yo iba. Yo estaba trabajando con DeSica, hacienda cosas que iban muy bien conmigo, con personajes de Nápoles que sufrían y reían al mismo tiempo. Cuando haces una película es muy difícil ir en contra de quien eres. Con DeSica y con Marcello Mastroianni, todos íbamos en la misma dirección. En 20 años hicimos 14 películas juntos, todas con mucho éxito. No es que no hubiera querido hacer otro tipo de películas, pero eran diferentes a las que estábamos haciendo en esa época.

J.C.: También trabajó en una época en que Hollywood y el cine internacional hicieron grandes películas. ¿Qué piensa de las películas que se hacen ahora, especialmente en Hollywood?

S.L.: Bueno, en Hollywood disfruté trabajar con George Cukor, que hizo películas con Greta Garbo; y con Charlie Chaplin, que fue una experiencia maravillosa para mí, de la cual estoy muy orgullosa. Fue para mí un gran orgullo trabajar con él y conocerlo. Ahora, realmente no se mucho de lo que Hollywood produce. Las únicas películas de Hollywood que veo es cuando me las mandan a Suiza porque tengo que votar, y unas me gustan, y otras no mucho.

J.C.: Pero hizo Nine, que es la versión de la obra musical basada en la película 8 ½ de Fellini.

S.L.: Si, Nine es una película musical, que son mis favoritas, porque adoro la música que es algo que mi familia y yo disfrutamos mucho. Si. Si. Fue una experiencia maravillosa, además de poder trabajar con uno de los actores más bellos y maravillosos, Daniel Day Lewis, a quien adoro.

J.C.: ¿Cómo es su vida ahora en Suiza? ¿Es una vida tranquila?

S.L.: Muy tranquila. No me gusta salir. No me gusta usar la palabra recluida, pero me gusta estar en casa lo más posible. Me despierto a las 4 de la mañana y voy a un parque cercano, no a las 4, sino a las 7. Es una caminata agradable y regreso a casa. Leo mucho, leo guiones. Si me invitan a cenar digo, oh mamma mia, no quiero salir a cenar. Casi nunca salgo a cenar. Estoy en el teléfono mucho hablando a América. Si algo lamento es que mis hijos viven en América y yo vivo en Suiza, pero es su vida y tienen el derecho de escoger donde vivir, aunque eso a veces me hace sentir muy sola.

J.C.: ¿No lamenta el paso del tiempo?

S.L.: No. Es la vida. Uno nace, uno crece, y ya. ¿Por qué va uno a querer ser diferente, y verse como de 18 años? Es imposible. La cirugía plástica no te hacer verte de 18 años, te hace verte como un monstruo. Si tengo arrugas, son arrugas de felicidad y no arrugas de tristeza.

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