Cámara en Hollywood

Entrevista a Warren Beatty

Por: Jorge Camara | Febrero 5, 2017

Jorge y Warren

Hollywood, CA.- Primero como actor, galán, e ídolo masculino, y después como director, productor y escritor, Warren Beatty ha cimentado una de las más sólidas carreras en la historia de Hollywood.

Comenzando con “Splendor in the Grass” (1966) dirigida por Elia Kazan, y pasando por cintas clásicas como “Bonnie and Clyde” (1967), “McCabe and Mrs. Miller” (1971) y “Shampoo” (1975) entre muchas otras, Beatty se graduó escribiendo, produciendo, dirigiendo y actuando en “Heaven Can Wait” (1978), “Reds” (1981 – por la que recibió el Oscar al Mejor Director), “Dick Tracy” (1990) y “Bulworth” (1998).

Pero desde “Town & Country” (2001), en la que únicamente participó como actor, Beatty no había sido visto por el público hasta ahora que, “Rules Don’t Apply”, en la que nuevamente funge como escritor, productor, director y actor, se prepara a ser estrenada.

En la vida real, Beatty ha stado casado desde 1992 con Annette Bening (a quien conoció durante la filmación de “Bugsy”) y es padre de cuatro hijos. No obstante, sus romances previos con figuras como Joan Collins, Natalie Wood, Jane Fonda, Michelle Phillips, Cher, Carly Simon, Julie Christie, Diane Keaton, Diane Sawyer, Leslie Caron, Isabelle Adjani, Madonna, etc., etc., etc., son legendarios.

Pero volviendo a “Rules Don’t Apply”, co-estelarizada por Aiden Ehrenreich y Lily Collins, con Beatty encarnando al legendario Howard Hughes, la cinta cuenta una historia que cuando, en días pasados conversamos con él, quiere inmediatamente aclarar, es ficticia.

 

JORGE CAMARA: Has dicho que es muy importante enfatizar que “Rules Don’t Apply” no es una biografía de Howard Hughes.

WARREN BEATTY: Efectivamente. Parece haber un mal entendido que esta película es biográfica, y no lo es, aunque Howard Hughes es un personaje importante en ella. Lo que yo quería era contar una historia sobre una joven sureña, Lily Collins, ganadora de un concurso de belleza, que llega a Hollywood esperando ser contratada por Hughes, y un joven metodista de Fresno, Aiden Ehrenrich, que ha crecido con las mismas influencias religiosas que yo crecí, y que trabaja como chofer del magnate. Siempre quise hacer una película que tuviera lugar a fines de los 50 y principios de los 60, sobre una joven con la educación bautista sureña del estado de Virginia, que tiene la suerte de venir a Hollywood. Quería contar la historia de estos jóvenes y su relación con Hughes, que tiene que ver con el poder del dinero y la misoginia que existía en Hollywood a finales de la década de los años 50. Y también sobre el lado cómico, pero también triste, del puritanismo sexual americano.

J.C.: Tú llegaste a Hollywood durante esa época. ¿Cuál fue tu experiencia?

W.B.: Yo vine por primera vez a Hollywood en 1958, a una ciudad y una industria fílmica que se encontró de pronto en medio de la revolución feminista. Pero tuve mucha suerte porque tuve un buen comienzo con Kazan en “Splendor in the Grass”, de manera que no tuve que ir por ahí haciendo muchas películas. Llegué muy joven y aprendí mucho, porque gente como Willie Wyler, George Stevens, Billy Wilder, Freddie Zinneman, Sam Goldwyn, fueron muy generosos conmigo. Tuve lo que a veces nos referimos riendo como una vida (aparte de la industria). Y siento que haces tu mejor trabajo cuando no sabes que estás trabajando.

J.C.: ¿Tuviste la oportunidad de conocer a Howard Hughes durante esa época?

W.B.: No, nunca conocí a Howard Hughes, pero conocí prácticamente a todos los que lo conocieron y hablaban de él. Siempre tuve mucha curiosidad sobre Howard Hughes. Cualquier película biográfica que incluye a un personaje famoso es hasta cierto punto ficción. He interpretado a tres personajes de la vida real y pude hacer con ellos lo que quería. Quiero decir que no soy Clyde Barrow en “Bonnie and Clyde”, no soy John Reed en “Reds”, no soy Bugsy Siegel en “Bugsy”. No fueron documentales y me sentí muy libre de usar la esencia de estas personas en mi interpretación. Pero más que sobre Howard Hughes, “Rules Don’t Apply”, es sobre las consecuencias de heredar grandes cantidades de dinero.

J.C.: Han pasado 15 años desde tu última película, “Town & Country”. ¿Por qué tardó tanto esta en ser producida?

W.B.: Todas mis películas han tardado mucho en ser producidas. Tengo muchas dudas. Te voy a pedir que por favor mantengas en secreto lo que voy a decir. ¿Me lo garantizas? (ríe). A veces digo que para mi hacer una película se parece a vomitar. No es que me guste vomitar, no me gusta (ríe). Pero si tienes una idea dándote vueltas en la cabeza, primero te divierte, luego te tortura, y finalmente dices, es mejor si voy y la vomito. Ahí está. Espero y respetes mi demanda de mantener esto en secreto (ríe).

J.C.: Tu última película como director, “Bulworth”, se estrenó hace 18 años. ¿Has cambiado como director? ¿Eres un director diferente ahora?

W.B.: Yo creo que soy un director diferente ahora a como era hace 6 meses. Lo que quiero decir es que cambias y te ajustas a los grandes cambios, al cambio de film a digital, al cambio de las películas que vemos ahora. Hay que aceptar los resultados de los viernes por la noche (las entradas de taquilla cuando las películas se estrenan), porque ya no tenemos las semanas o meses de preparación que la comunidad crítica permitía. Hay que adaptarse al programa.

J.C.: Si te has adaptado al programa, ¿tienes proyectos para el futuro, o van a volver a pasar años antes de volver a ver una película tuya?

W.B.: No se. Tengo, como siempre varias historias flotando. Pero soy lento y sé que no tengo que hacerlas. Tener cuatro hijos me ha llevado a un lugar mejor que nada. No solo los hijos, pero mi matrimonio, me han llevado a experimentar cosas que nunca había experimentado antes, y encuentro que prefiero hacer más cosas con mis hijos y con Annette que hacer una película. Por otra parte, cuando has estado por muchos años en el mundo del cine, se dice que si no sufres de paranoia no estás en completo control de tus facultades. No quiero decir más, porque a veces quiero ser chistoso, y mis palabras son mal interpretadas.

J.C.: Como dices, tu vida personal ha cambiado radicalmente. ¿Qué has aprendido de ser marido y padre? ¿Qué te han enseñado tu esposa y tus hijos?

W.B.: Bueno, Annette y yo hacemos lo que ellos nos dicen (ríe). Tengo hijos de 24, 21, 19 y 16 años. Me refiero a ellos como cuatro pequeños países orientales europeos. Tengo que negociar con ellos. A veces tengo que mandar embajadores, a veces no es necesario. Son increíbles. Pero también tengo mucho cuidado en proteger su privacidad lo más posible. Pero mi gran ayuda es la perfección de la mujer con la que estoy casado.

J.C.: Lo curioso es que pesar de lo tranquilo por décadas de tu vida familiar, todavía te persigue la reputación de mujeriego.

W.B.: Esto es lo que se. Oliver Wendell Holmes dijo que puedes gritar fuego falsamente en un teatro porque legalmente está permitido. Me temo que ahora que todo mundo puede decir lo que sea de todo mundo, y pueden gritar fuego en un teatro, no respondo a preguntas que pueden perpetuar falsedades. Respeto la diversión que ese tipo de preguntas parece generar, pero no respondo a ellas porque son asombrosas las historias que se han acumulado a través de los años, que no tienen nada que ver con la verdad o la realidad. La rapidez con la que la tecnología moderna permite la libertad de palabra, es algo con lo que vamos a tener que lidiar en el futuro.

J.C.: También siempre has sido una persona muy política, pero no te hemos oído comentar sobre las insólitas campañas presidenciales.

W.B.: Voy a evitar lo obvio, porque si empiezo a hablar no voy a terminar y te vas a arrepentir (ríe). Como has dicho, estás familiarizado con mi pasado, y no he cambiado. De modo que conoces muy bien mi respuesta a tu pregunta.

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